Red flags digestivas en tu analítica de sangre | Dr. Fontanals

Red flags digestivas en tu analítica de sangre: 5 valores que hay que cruzar

Buenas. Esto lo publiqué primero en Instagram, en formato carrusel, y me llegaron bastantes mensajes del mismo estilo: «pues yo tengo justo eso y me dijeron que estaba todo bien». Así que lo he escrito entero aquí, con el porqué de cada valor y con las referencias, para quien no viene de allí y para quien quiere entenderlo de verdad.

Una analítica de sangre no es un examen tipo test donde todo lo que sale en verde significa «apto, siguiente». Los valores de referencia son útiles y hacen su trabajo. Pero se construyen a partir de la población general, no a partir de la persona que está sentada delante de mí con tres años de hinchazón y cansancio. Por eso lo interesante casi nunca es un valor suelto. Es cruzarlos y preguntarse qué historia cuentan juntos. A veces una analítica no te da una respuesta. Te da una pista.

En 30 segundos

  • Que no salga un asterisco no significa que el valor sea óptimo. El rango del laboratorio marca dónde empieza la enfermedad, no dónde está el buen funcionamiento.
  • Ferritina baja sin una causa evidente es una de las pistas digestivas más potentes que existen. Un tercio de los hombres y de las mujeres posmenopáusicas con anemia ferropénica esconde una patología digestiva detrás.
  • La inflamación falsea la ferritina hacia arriba. En un estudio con 979 mujeres, corregir la ferritina por inflamación hizo pasar el déficit de hierro del 46% al 61%. Una ferritina «normal» puede estar tapando una falta real.
  • Folato y B12 bajos apuntan a dónde se está perdiendo la absorción: el folato en el intestino delgado, la B12 más arriba, en el estómago.
  • Calcio bajo casi nunca va solo. Es de los últimos en caer, así que cuando aparece conviene mirar la vitamina D y el resto del panel.
  • PCR alta dice que hay inflamación, no dice dónde. Para el intestino el marcador que discrimina es la calprotectina en heces, no la PCR en sangre.
  • IgA total es el valor que evita un falso negativo de celiaquía. Si tienes IgA baja, los anticuerpos de celiaquía basados en IgA pueden salir negativos aunque seas celíaco.
  • Y lo más importante de todo: no retires el gluten antes de hacerte las pruebas.

Por qué una analítica «normal» no es lo mismo que una analítica sana

Los rangos de referencia salen de medir a mucha gente y quedarse con el 95% central. Ese es todo el secreto. No están construidos para responder «¿está esta persona bien?», sino «¿se sale del montón?». Y el montón, en un país donde una parte importante de la población arrastra déficits, no es precisamente el ideal al que aspiramos.

Yo lo digo mucho en consulta y lo repito aquí: que no salga un asterisco en la analítica no significa que sea un valor funcional. Hay un margen enorme entre «no estás enfermo» y «estás funcionando bien», y ahí es donde vive casi toda la gente que llega a mi consulta después de años de pruebas normales.

La segunda idea, y para mí la más útil, es que los marcadores hablan entre ellos. Un valor bajo aislado puede no significar gran cosa. Tres valores en el límite bajo que además comparten ruta de absorción ya no son casualidad: son un patrón. Vamos con los cinco que más veces me hacen levantar la ceja.

1. Ferritina baja: el valor que más veces abre la puerta

La ferritina es el hierro de reserva, la despensa. Y se vacía mucho antes de que aparezca una anemia en el hemograma. Por eso alguien puede tener la hemoglobina perfecta, sentirse agotado, perder pelo y llevar meses con la despensa a cero sin que nadie lo mire.

Los rangos que verás en tu informe suelen ir de 24 a 336 ng/mL en hombres y de 15 a 150 ng/mL en mujeres. Las guías clínicas sitúan el déficit de hierro por debajo de 30 ng/mL. Yo, en alguien con síntomas, trabajo buscando un rango funcional de 50 a 100 ng/mL, porque es donde la gente deja de arrastrarse. Lo desarrollé entero en el artículo sobre ferritina baja y el cansancio que un hierro «normal» esconde.

Ahora la parte digestiva, que es la que me interesa. Cuando hay déficit de hierro sin una causa evidente, es decir, sin reglas abundantes, sin una dieta claramente pobre y sin una donación reciente, hay que preguntarse dos cosas: si se está perdiendo sangre por el tubo digestivo o si no se está absorbiendo. Las guías de la British Society of Gastroenterology son explícitas: aproximadamente un tercio de los hombres y de las mujeres posmenopáusicas que llegan con anemia ferropénica tiene detrás una alteración digestiva, casi siempre en el tubo digestivo, y por eso una anemia ferropénica sin explicar es motivo de estudio, no de recetar hierro y cerrar la carpeta.

Y una de esas causas es la celiaquía. En un estudio en adultos con anemia ferropénica de causa desconocida, el 7,7% dio positivo en el cribado serológico de celiaquía. Gente que había llegado por cansancio, no por diarrea.

El detalle que casi nadie tiene en cuenta

La ferritina es también un reactante de fase aguda. Traducido: sube cuando hay inflamación, aunque la despensa de hierro esté vacía. Una infección reciente, un brote, una inflamación de bajo grado mantenida, todo eso la empuja hacia arriba y puede maquillar un déficit real.

No es un matiz teórico. En una muestra de 979 mujeres en edad fértil, la prevalencia de déficit de hierro medida por ferritina era del 46,3%. Al corregir esa ferritina por los marcadores de inflamación, subió al 61,5%. Uno de cada siete casos estaba escondido detrás de una cifra aparentemente aceptable. Por eso la ferritina se lee siempre junto a la PCR, nunca sola.

2. Folato y B12: cada uno señala un piso distinto

Esto me gusta explicarlo así: el tubo digestivo es un edificio y cada nutriente se absorbe en una planta concreta. Si sabes qué falta, sabes en qué planta mirar.

El folato (vitamina B9) se absorbe sobre todo en el intestino delgado proximal, que es justo la zona que la celiaquía daña primero. Un folato bajo sin explicación dietética apunta ahí. Si además aparece junto a ferritina baja, pérdida de peso, diarrea o síntomas digestivos que duran, el patrón ya es bastante elocuente.

La vitamina B12 señala más arriba. Necesita ácido gástrico y factor intrínseco para separarse de la proteína del alimento y absorberse al final del íleon. Cuando falta, mis sospechosos habituales son la hipoclorhidria, el H. pylori, la gastritis atrófica y los inhibidores de la bomba de protones tomados durante años. Hay una revisión clásica que recoge la asociación del uso crónico de estos fármacos con déficits de B12, vitamina C, calcio, hierro y magnesio. Ojo, no dice que haya que cribar a todo el mundo que toma omeprazol, y yo tampoco lo digo. Dice que si tienes a alguien con déficits repetidos y lleva años con un protector, ahí hay una pieza que encaja.

Un apunte que uso mucho: en B12 el rango de laboratorio es especialmente generoso. Un 250 pg/mL entra en rango y a mí no me tranquiliza nada. Prefiero verla holgada, y si hay dudas se puede afinar con ácido metilmalónico u homocisteína, que es otro de los marcadores que casi nadie pide y que cuenta mucho.

3. Calcio bajo: llega tarde, y por eso importa

El calcio en sangre participa en la salud ósea y en la función muscular y nerviosa, y su absorción depende de la vitamina D y de un intestino que funcione. Hasta ahí, el manual.

Lo que conviene entender es que el calcio de la sangre está defendido con uñas y dientes por el organismo. La paratiroides lo mantiene estable sacándolo del hueso si hace falta. Eso significa que un calcio francamente bajo en la analítica es un aviso tardío, no precoz. Cuando aparece, normalmente lleva tiempo pasando algo por debajo.

Por eso el calcio nunca lo leo solo. Lo leo con la vitamina D, con la ferritina y con el resto del panel. Y cuando el calcio bajo aparece acompañado de vitamina D baja y de otros déficits a la vez, la pregunta deja de ser «qué suplemento le doy» y pasa a ser «por qué esta persona no está absorbiendo». Es una diferencia de enfoque que lo cambia todo.

4. PCR alta: te dice que hay fuego, no dónde está

La proteína C reactiva sube cuando hay inflamación. Punto. Puede estar alta en una enfermedad inflamatoria intestinal como el Crohn o la colitis ulcerosa, y también en una infección, en una artritis, después de una cirugía o por causas que no tienen nada que ver con el intestino.

Una PCR alta no significa que la inflamación esté en el intestino. Y una PCR normal no descarta que lo esté. Es un marcador sensible y poco específico, y usarlo como si fuera un test intestinal es uno de los errores de lectura más comunes.

Si la sospecha es intestinal, el marcador que discrimina no está en la sangre: es la calprotectina fecal. Un metaanálisis publicado en el BMJ le atribuye en adultos una sensibilidad del 93% y una especificidad del 96% para enfermedad inflamatoria intestinal, y calcula que usarla como cribado evitaría alrededor del 67% de las endoscopias en adultos con sospecha. No es una prueba cara ni invasiva. Simplemente hay que pedirla.

Aquí sí conviene ser claro con una cosa: la calprotectina distingue inflamación de no inflamación, así que sirve para separar una enfermedad inflamatoria de un cuadro funcional. Lo que no hace es decirte por qué está inflamado. Eso sigue siendo trabajo de consulta.

5. IgA total: el valor que evita un falso negativo

Este es el que más me duele ver mal hecho, porque el error es evitable y las consecuencias duran años.

El cribado de celiaquía se hace con anticuerpos antitransglutaminasa tisular de tipo IgA (tTG-IgA). Es una prueba excelente. Tiene un punto ciego: si la persona tiene déficit selectivo de IgA, no fabrica bien esos anticuerpos, y el resultado puede salir negativo aunque sea celíaca. El déficit de IgA es la inmunodeficiencia primaria más frecuente y está sobrerrepresentado precisamente entre los celíacos.

La solución es de una sencillez casi ofensiva: pedir la IgA total en el mismo tubo. Las guías de referencia lo recogen así, medir tTG-IgA junto con la cuantificación de IgA para descartar el déficit, que es un factor conocido de confusión diagnóstica. Si la IgA total está baja, se cambia de estrategia y se tira de anticuerpos basados en IgG.

Cuesta lo mismo pedirlo bien que pedirlo mal. Y la diferencia entre las dos cosas puede ser una persona con síntomas de celiaquía a la que le dijeron que estaba descartada.

El error que no está en ningún valor: no retires el gluten antes

Pasa constantemente. La persona sospecha, prueba a quitar el gluten, mejora, y luego pide las pruebas. Con la mejor intención, y habiendo hecho justo lo que no había que hacer.

Los anticuerpos de celiaquía se generan como respuesta al gluten. Si llevas semanas sin comerlo, bajan, y la serología puede salir negativa aunque haya celiaquía. Lo mismo pasa con la biopsia: la mucosa se recupera. Te quedas sin diagnóstico y con la duda para siempre, que es el peor de los dos mundos, porque la celiaquía condiciona el seguimiento de por vida y la sensibilidad al gluten no celíaca no.

Así que el orden es: primero las pruebas, comiendo gluten con normalidad, y después las decisiones. Si ya lo has retirado, díselo a tu médico antes de nada, porque cambia por completo cómo se interpretan los resultados.

Lo que miro yo cuando tengo una analítica delante

No tengo una lista mágica, tengo un orden. Va más o menos así.

  1. Miro el conjunto antes que las cifras. ¿Hay varios valores rozando el límite bajo? ¿Comparten ruta de absorción? Tres marcadores tibios que se absorben en el mismo tramo dicen más que uno solo por debajo del rango.
  2. Cruzo ferritina con PCR. Siempre. Sin la PCR no sé si la ferritina que estoy leyendo es real o está inflada.
  3. Comparo con las analíticas anteriores. Una ferritina de 40 no dice lo mismo si hace dos años estabas en 90 que si llevas toda la vida en 40. La tendencia informa más que el punto.
  4. Pregunto qué toma la persona. Protectores gástricos, antiácidos, metformina, anticonceptivos. Muchos déficits tienen nombre de fármaco y años de uso.
  5. Y sobre todo, contrasto con lo que cuenta. Si la analítica sale limpia y la persona sigue hinchada, con gases, con el tránsito descontrolado y sin energía, el problema no es que esté todo bien. Es que aún no hemos mirado donde toca.

Porque esto es lo que más me importa que te lleves: una analítica de sangre no diagnostica un SIBO, ni una disbiosis, ni una intolerancia, ni un intestino irritable. Ninguna de esas cosas sale ahí. La analítica sirve para descartar lo grave, para detectar déficits y para señalar por dónde seguir tirando del hilo. El resto se busca con otras herramientas y con una historia clínica bien hecha.

Preguntas frecuentes

¿Puedo tener un problema digestivo con la analítica perfecta?

Sí, y es lo más habitual. El sobrecrecimiento bacteriano, la disbiosis, las intolerancias y el intestino irritable no tienen un valor en sangre que los delate. Una analítica normal descarta cosas importantes, que ya es mucho, pero no es un certificado de que tu digestión funcione.

Si tengo la hemoglobina bien, ¿puedo descartar la falta de hierro?

No. La despensa se vacía antes de que caiga la hemoglobina. Puedes tener anemia descartada y ferritina por los suelos, con cansancio, caída de pelo e intolerancia al ejercicio. Es la situación que más veo.

¿Por qué me piden calprotectina en heces si ya me han hecho analítica de sangre?

Porque miden cosas distintas. La PCR en sangre dice que hay inflamación en algún sitio del cuerpo. La calprotectina se produce en la propia pared intestinal, así que localiza. Es la que permite separar una inflamación intestinal real de un cuadro funcional sin meter a nadie en una endoscopia innecesaria.

Tengo IgA baja y las pruebas de celiaquía negativas. ¿Qué hago?

Coméntalo, porque con IgA baja esas pruebas pierden valor. En ese caso se repite el estudio con anticuerpos de tipo IgG. Un negativo obtenido con IgA baja no es un negativo fiable.

¿Cada cuánto tiene sentido repetir una analítica?

Depende de para qué. Si estás corrigiendo un déficit, hay que dar tiempo a que el cambio se refleje, y en el caso del hierro eso son meses, no semanas. Si estás bien y sin síntomas, repetirla cada poco no aporta y genera ruido. Lo que sí recomiendo siempre es guardarlas todas, porque el valor de la serie es mayor que el de cualquier analítica suelta.

¿Qué pido si en mi centro solo me hacen «lo básico»?

Si hay síntomas digestivos que duran, tiene sentido plantear ferritina (no solo hemoglobina), PCR, vitamina D, B12, folato y, si se sospecha celiaquía, tTG-IgA junto con IgA total. Son determinaciones habituales y baratas. Lo que marca la diferencia no es pedir muchas: es pedir las que se leen juntas.

Lo que yo te diría

Si llevas tiempo con síntomas y te han dicho que está todo bien, pide tu analítica en papel y quédatela. Está bien lo que se ha mirado, que no es lo mismo que estar bien. Mira si alguno de estos cinco valores está en el filo, y sobre todo mira si hay varios a la vez. Ese patrón es una pista, y una pista bien leída ahorra años.

Lo que no haría es empezar a suplementar por tu cuenta a partir de un valor que te ha llamado la atención. Corriges la cifra, te sientes algo mejor durante un tiempo y tapas la pregunta importante, que sigue siendo la misma: por qué te falta. Casi siempre la respuesta está en cómo absorbes, y eso no lo arregla ningún bote.

💡 El tip del Dr. Fontanals

No te hagas la analitica justo despues de una infeccion, una fiebre o un entrenamiento muy exigente. La ferritina y la PCR suben con la inflamacion, asi que una analitica hecha en esa ventana puede devolverte una ferritina aparentemente correcta que esconde un deficit real. Si has pasado algo, deja pasar un par de semanas. Y guarda todas tus analiticas: el valor de hoy dice mucho menos que la linea de los ultimos tres anos.


Referencias

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  • Ben Houmich T, Admou B. Celiac disease: understandings in diagnostic, nutritional, and medicinal aspects. International Journal of Immunopathology and Pharmacology, 2021;35:20587384211008709. doi:10.1177/20587384211008709
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  • Adam UU, Melgies M, Kadir S, et al. Coeliac disease in Caucasian and South Asian patients in the North West of England. Journal of Human Nutrition and Dietetics, 2019;32(4):525-530. doi:10.1111/jhn.12622

Este artículo es información sanitaria divulgativa y no sustituye una consulta médica. Los valores y rangos que aparecen aquí son orientativos y no sirven para autodiagnosticarse ni para modificar un tratamiento. Cada caso necesita su valoración individual, su analítica y su seguimiento.

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Dr. Jaume Fontanals Jorba — Nº Colegiado 313108777, Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Navarra.

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