Dolor crónico: qué es y cómo entenderlo | Dr. Fontanals

Dolor crónico: guía para entenderlo (y para que te entiendan)

Buenas. Este artículo nació de otra manera. Lo publiqué primero en Instagram, en formato corto, como una guía rápida para la gente que quiere a alguien con dolor crónico y no sabe muy bien qué decirle. Funcionó, y me llegaron muchos mensajes de personas diciendo lo mismo: «es que nadie me entiende». Así que lo he escrito entero aquí, con el mecanismo detrás y con lo que sí se puede hacer.

Escribo esto desde una consulta de salud digestiva, que puede parecer un sitio raro para hablar de dolor. No lo es. Una parte importante de la gente que veo lleva años con dolor que no encaja en ninguna prueba: barriga, articulaciones, cabeza, todo a la vez. Y casi todos han pasado antes por lo mismo, que es tener que demostrar que les duele. Vamos con ello.

En 30 segundos

  • El dolor crónico no es «dolor agudo que dura mucho». Es un problema de procesamiento: el sistema nervioso amplifica la señal. Tiene nombre técnico, dolor nociplástico.
  • Por eso los análisis pueden salir normales y el dolor ser completamente real. No existe hoy un marcador de sangre que lo mida.
  • El cansancio que lo acompaña no se arregla durmiendo más. Sueño y dolor se empujan el uno al otro en las dos direcciones, y está medido.
  • Un día bueno no anuncia un día bueno mañana. La factura llega 24 o 48 horas después, y eso confunde muchísimo al entorno.
  • El estrés influye, y mucho, pero decir «es estrés» y cerrar la carpeta es quedarse a medias.
  • Hay una pieza que casi nadie mira y que a mí me toca de lleno: el intestino. Se han descrito diferencias reales de microbiota en personas con dolor generalizado.

Qué es el dolor crónico de verdad

Solemos pensar el dolor como una alarma proporcional: si duele mucho, es que hay mucho daño. Funciona así en el dolor agudo. Te quemas, la alarma suena, retiras la mano. La alarma es útil.

En el dolor crónico la alarma se queda encendida cuando el fuego ya se apagó. Y con el tiempo se vuelve más sensible: salta con estímulos que antes no la activaban. Eso tiene un nombre, sensibilización central, y desde 2017 tiene también una categoría propia reconocida internacionalmente, el dolor nociplástico: dolor que surge de una nocicepción alterada, sin evidencia clara de daño en el tejido ni de lesión del nervio.

Esa categoría agrupa cuadros que la gente vive por separado y que comparten motor: fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, migraña y cefalea tensional, disfunción temporomandibular, síndrome de piernas inquietas y, esto me interesa especialmente, el intestino irritable. Se acompañan de un patrón muy reconocible: sueño malo, fatiga, niebla mental y sensibilidad aumentada a los ruidos, la luz o los olores.

Que te lo diga alguien con bata: que la alarma esté mal calibrada no significa que el dolor sea inventado. El dolor que produce un sistema nervioso sensibilizado se siente exactamente igual que el otro. La diferencia está en dónde hay que intervenir, no en si es real.

«Duerme más y verás»: por qué eso no funciona

Sería estupendo que el cuerpo fuera un móvil. Ocho horas enchufado, 100% de batería. No va así. Cuando hay una alteración de fondo en la regulación del sueño, el sistema nervioso autónomo o la inflamación, dormir deja de equivaler a recuperar.

Y hay una trampa añadida: la relación va en los dos sentidos. Un metaanálisis de 2024 que reunió 16 estudios prospectivos y casi 117.000 participantes encontró que dormir mal aumenta el riesgo de desarrollar dolor musculoesquelético crónico, tanto a corto plazo como a largo. Y al revés: cuando el dolor ya es generalizado, el riesgo de acabar con problemas de sueño mantenidos se dobla.

Traducido a la consulta: el dolor rompe el sueño, el sueño roto baja el umbral del dolor, y mañana duele más. No es pereza y no es falta de voluntad. Es un bucle con datos detrás. Por eso, cuando alguien me dice que no duerme, no lo trato como un detalle secundario del cuadro. Suele ser una de las palancas que más rinde.

Estar bien un día no significa estar bien mañana

Este es el punto que más malentendidos genera con la familia. El famoso «ayer pudiste, así que hoy también podrás».

El dolor crónico no sigue una línea recta. Va por olas. Un día puedes juntar toda tu energía, ir a la comida familiar, estar estupendo, reírte, y pagar la factura 24 o 48 horas después, tirado y sin poder con nada. Desde fuera se lee como una incoherencia. Desde dentro es la consecuencia lógica de haber gastado por encima del presupuesto.

A esto se le llama el ciclo de subidón y castigo. En un día bueno se hace todo lo pendiente, se sobrepasa el límite, y viene el bajón. Y como el bajón llega con retraso, cuesta muchísimo asociar una cosa con la otra. Ni el paciente ni el entorno lo conectan.

No todo «es estrés»

Ojo, que yo soy el primero que empieza por la cabeza. El estrés afecta al cuerpo muchísimo. Influye en el sueño, en la percepción del dolor, en el sistema nervioso autónomo, en las hormonas y en la respuesta inflamatoria. Cuando el cortisol está disparado de forma sostenida, el cuerpo vive en modo simpático, en modo «me persigue un león». Y ahí no se digiere bien, no se descansa bien y no se repara bien.

El problema es otro. Decir «es estrés» como quien dice «te has dejado las llaves en casa» convierte una explicación parcial en un punto final. Y ese punto final tiene consecuencias: se deja de buscar, se deja de mirar y la persona se queda sola con su síntoma. He visto salir de consulta a gente con anemia sin diagnosticar, con hipotiroidismo, con celiaquía y con sobrecrecimiento bacteriano, todos con la etiqueta de «es estrés» puesta años antes.

El estrés es una pieza del tablero. No es el tablero.

Se puede tener buen aspecto y estar fatal

El dolor crónico no viene con una camiseta fluorescente que avise. La gente se maquilla, trabaja, hace bromas y parece perfectamente normal mientras por dentro está administrando la energía como si fueran los últimos euros del mes.

Hay un motivo social detrás de esa fachada, y es que sostenerla sale más barato que explicarse. Aparentar normalidad evita la cara de duda, la pregunta incómoda y el consejo no pedido. El coste es que la persona que mejor disimula es la que menos ayuda recibe.

Los análisis pueden salir bien y el dolor ser real

Aquí quiero ser muy claro, porque es donde más gente se rompe. No existe hoy una analítica que mida el dolor crónico. La sensibilización central no se puede medir directamente en una persona viva. Se estudia de forma indirecta, con cuestionarios y con pruebas sensoriales cuantitativas, y una revisión sistemática de 2021 encontró que ni siquiera hay consenso sobre cómo definirla o valorarla.

Que no salga un asterisco en la analítica no significa que no pase nada. Significa que esa herramienta no mide eso. Las pruebas sirven para descartar lo que hay que descartar, y eso es importante y hay que hacerlo bien. Pero una analítica limpia es un punto de partida, no un veredicto sobre lo que siente el paciente.

Dicho esto, y para no caer en el extremo contrario: que no haya marcador del dolor no quiere decir que no haya nada que mirar. Hay valores que se dan por buenos porque están dentro del rango del laboratorio y que funcionalmente se quedan cortos. Una B12 en 204 no es lo mismo que una B12 en 480, aunque las dos salgan sin asterisco. Vitamina D, ferritina, tiroides, B12, marcadores de inflamación y celiaquía entran de oficio antes de aceptar que no hay nada.

Lo más agotador no es el dolor. Es tener que explicarlo

Explicar por qué cancelas. Por qué hoy no puedes. Por qué ayer sí podías. Por qué estás sonriendo. Por qué necesitas descansar. Otra vez, y a la misma gente.

Y esto no es solo un desgaste emocional, tiene efecto medible. Un estudio publicado en The Journal of Pain analizó a 71 pacientes con dolor lumbar crónico junto a sus parejas, en el laboratorio. El hallazgo es contundente: cuando la pareja percibía el dolor del paciente como «un misterio», algo que no acababa de entender, aparecían más respuestas críticas y descalificadoras hacia el paciente, y más atribuciones negativas cuando le veía tener dolor. La duda del entorno no se queda en la cabeza del que duda. Sale, y aterriza encima del que duele.

Por eso las guías de este tipo tienen valor clínico y no solo emocional. Cuando el entorno entiende el mecanismo, deja de dudar. Y cuando deja de dudar, deja de descalificar.

La pieza que casi nadie mira: el intestino

Llegamos a mi terreno. El intestino irritable está dentro de la familia de cuadros con sensibilización central, y comparte con la fibromialgia buena parte del mecanismo: hipersensibilidad visceral, procesamiento alterado de las señales que suben desde el intestino y un eje intestino-cerebro que funciona como una autopista química en los dos sentidos. Por eso tanta gente con dolor generalizado tiene además la barriga hecha un desastre, y al revés.

Y hay un dato que me parece de los más interesantes de la última década. Un equipo de McGill comparó la microbiota de 77 mujeres con fibromialgia y 79 controles. Encontraron diferencias significativas en varias especies bacterianas, y lo llamativo es que la composición del microbioma se explicaba mejor por las variables relacionadas con la fibromialgia que por cualquier otra variable de la persona o del ambiente. Además, correlacionaba con los índices clínicos de gravedad. Entre las bacterias alteradas había productoras de butirato, y al medirlo en sangre confirmaron diferencias en los niveles de butirato y propionato.

El butirato no es un nombre bonito. Es el combustible principal del colonocito y una de las piezas que mantiene la barrera intestinal cerrada. Cuando esa barrera se abre, pasan a la sangre fragmentos bacterianos que mantienen encendida una inflamación de bajo grado. Inflamación de bajo grado sostenida y sistema nervioso sensibilizado son muy malos compañeros.

Voy a ser honesto con dónde está la evidencia, porque aquí se vende mucho humo. Esto es una asociación con mecanismo plausible, no una relación causal demostrada, y nadie ha probado que arreglar la microbiota cure la fibromialgia. Quien te diga eso te está vendiendo algo. Lo que sí sostengo es lo contrario: cuando alguien lleva años con dolor generalizado, cansancio y digestiones malas, ignorar el intestino es dejarse una pieza grande fuera del tablero. No como varita mágica. Como parte del terreno.

Qué sí ayuda

Nada de esto es una promesa de curación, y quiero decirlo con todas las letras. Es lo que tiene respaldo y lo que veo funcionar.

  • Entender el dolor cambia el dolor. Suena raro, pero está ensayado. Un ensayo clínico aleatorizado publicado en JAMA Neurology con 120 pacientes de dolor espinal crónico comparó educación en neurociencia del dolor combinada con trabajo motor frente a la fisioterapia estándar. El grupo que entendía su dolor mejoró en dolor, discapacidad y salud física y mental, con beneficios que seguían ahí a los 12 meses.
  • Movimiento, en dosis pequeñas y sostenidas. Una revisión general de revisiones Cochrane sobre actividad física y dolor crónico en adultos concluyó que el ejercicio, con efectos variables entre estudios, mejora la función física y la calidad de vida sin evidencia de daño. La clave está en la dosis y en la progresión, no en la intensidad.
  • Proteger el sueño como si fuera tratamiento, porque en este cuadro lo es.
  • Ordenar el terreno digestivo si hay síntomas: hinchazón, tránsito alterado, gases, digestiones pesadas. Aquí sí tengo cosas que ofrecer.
  • Gestión emocional real, con profesional cuando toca. Trabajo con psicología a diario y no es un extra decorativo, es una pata de la silla.

Cómo acompañar a alguien con dolor crónico

Esta es la parte práctica, y no hace falta un máster para aplicarla.

  • Cree lo que te cuentan a la primera. No hace falta que te lo demuestren.
  • Un buen día no borra una enfermedad. Alégrate del día bueno sin usarlo como prueba de nada.
  • Si cancela, no pidas justificación. Un «no pasa nada, otro día» vale más de lo que parece.
  • Cambia el consejo por la pregunta. En vez de «haz un esfuerzo, que te vendrá bien», prueba con «qué te ayudaría hoy».
  • Ayuda con lo concreto. Una compra, una comida hecha, recoger a los niños. Eso libera energía de verdad.
  • Y algo que nadie dice: no lo conviertas en el único tema. La persona sigue estando ahí entera.

Preguntas frecuentes

¿El dolor crónico es psicológico?

No. Es un dolor con mecanismo neurofisiológico, generado por un sistema nervioso que amplifica la señal. Lo psicológico influye, como influye en casi todo lo que le pasa al cuerpo, pero decir que el dolor es psicológico es confundir «influye» con «es». Y esa confusión hace mucho daño.

Si mis análisis salen normales, ¿ya no hay nada que hacer?

Al contrario. Una analítica limpia descarta cosas, que es su trabajo, y deja el camino libre para mirar donde sí puede estar el problema: sueño, sistema nervioso, terreno digestivo, inflamación de bajo grado y valores funcionales que están dentro de rango pero bajos.

¿Tiene algo que ver mi barriga con mi dolor generalizado?

Puede tenerlo. El intestino irritable y la fibromialgia se solapan mucho y comparten hipersensibilidad y procesamiento alterado del dolor. Se han descrito además diferencias de microbiota en personas con dolor generalizado. No es la explicación entera y no hay que venderlo como tal, pero es una pieza que merece mirarse.

¿El ejercicio empeora el dolor crónico?

Mal dosificado, sí, y esa es la mala experiencia que tiene casi todo el mundo. Bien dosificado y progresivo, es de lo que mejor respaldo tiene. La diferencia está en empezar por debajo de lo que crees que puedes y subir despacio, no en apretar los dientes.

¿Cuánto tarda en mejorar?

No hay un plazo, y desconfía de quien te dé uno. Depende de cuántos años lleve el cuadro montado, de cuántas piezas haya debajo y de con qué se pueda trabajar. Lo que sí veo es que cuando se ordenan sueño, movimiento y terreno digestivo a la vez, las cosas se mueven más rápido que tocando una sola.

Lo que yo te diría

Si eres tú quien tiene el dolor: no te conformes con «todo está bien». Está bien lo que se ha mirado. Pide que miren el resto y busca a alguien que quiera tirar del hilo.

Y si el que duele es alguien que quieres: no hace falta que lo entiendas todo. Basta con dejar de hacer que tenga que demostrarlo.

💡 El tip del Dr. Fontanals

En un dia bueno, quedate en el 70 u 80 por ciento de lo que crees que puedes hacer, no en el 100. Suena a poco y es justo al reves: la factura del dolor cronico no llega ese dia, llega 24 o 48 horas despues, asi que vaciar el deposito cuando te encuentras bien es lo que compra el bajon del jueves. Guardarte ese margen es lo que te deja tener dos dias medianos en vez de uno bueno y tres malos.


Referencias

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Este artículo es información sanitaria divulgativa y no sustituye una consulta médica. Cada caso necesita su valoración individual, su analítica y su seguimiento.

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Dr. Jaume Fontanals Jorba — Nº Colegiado 313108777, Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Navarra.

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