También lo conocerás como colon irritable. Es el mismo cuadro con dos nombres.
Llevas meses, o años, con hinchazón, dolor y un ritmo intestinal que no hay quien entienda. Te han hecho una analítica. Puede que una colonoscopia. Ha salido todo normal. Te han puesto un nombre, te han dado algo para el dolor y un consejo de dieta. Y sigues igual.
Ese diagnóstico no está mal puesto. El síndrome del intestino irritable existe, tiene criterios propios y describe bien lo que te pasa. El problema es otro: en muchos casos la palabra se convierte en el final del estudio, cuando debería ser el punto en que el estudio se ordena.
Hinchazón, dolor abdominal y cambios en el ritmo intestinal que duran meses.
Analítica, calprotectina fecal, serología de celiaquía y, según el caso, colonoscopia. Salen normales.
Se cumplen los criterios de Roma IV y se diagnostica síndrome del intestino irritable. Hasta aquí todo es correcto.
Motilidad del intestino delgado, secreción ácida, sobrecrecimiento bacteriano y antecedente infeccioso. Cuatro cosas que las pruebas anteriores no miden.
El diagnóstico previo no era incorrecto. Estaba incompleto. Y esa diferencia es la que cambia el tratamiento.

Es un trastorno de la interacción intestino-cerebro que se caracteriza por dolor abdominal recurrente asociado a la defecación o a un cambio en el hábito intestinal. No produce una lesión visible en las pruebas convencionales, y esa es la razón de que durante años se explicara solo por descarte.
La denominación «colon irritable» viene de una época en la que se atribuía el cuadro exclusivamente al intestino grueso. Hoy sabemos que intervienen la motilidad del intestino delgado, la sensibilidad visceral, la permeabilidad de la barrera intestinal, la microbiota y la regulación nerviosa autónoma. De ahí el cambio de término.
El diagnóstico se establece con los criterios de Roma IV: dolor abdominal recurrente al menos un día por semana durante los últimos tres meses, con inicio de los síntomas seis meses antes del diagnóstico, asociado a dos o más de estos tres puntos.
Hay un punto que sostiene todo lo que viene después. La guía de práctica clínica del American College of Gastroenterology recomienda emplear una estrategia diagnóstica positiva en lugar de una estrategia de exclusión, para reducir el tiempo hasta iniciar el tratamiento adecuado1.
El diagnóstico de síndrome del intestino irritable no debería ser el final del estudio, sino el punto en el que el estudio se ordena.
En una parte de los pacientes que llegan a nuestra consulta con un diagnóstico previo de colon irritable, el estudio dirigido identifica un mecanismo concreto y abordable que no se había explorado.
Ninguno de estos mecanismos aparece en todos los pacientes, y ninguno sustituye al diagnóstico de SII. Se valoran cuando la historia clínica lo justifica, no de forma sistemática.
Tránsito acelerado. Predominan la diarrea, la urgencia y las deposiciones blandas al poco de comer.
Sobrecrecimiento de arqueas metanógenas. Enlentece el tránsito: estreñimiento y distensión persistente.
Gases de olor muy marcado. No aparece en la gráfica convencional de dos gases, y por eso se pasa por alto.
Figura 2. Subtipos de sobrecrecimiento según el gas predominante en el test de aliento. La tipificación cambia el abordaje, de modo que un resultado sin tipificar aporta poco.
Hay manifestaciones que obligan a ampliar el estudio antes de atribuir los síntomas a un SII. Si tienes alguna de estas, consúltalo con tu médico de forma preferente.
La presencia de cualquiera de los siguientes datos hace necesaria una valoración médica preferente y descarta el manejo como síndrome del intestino irritable sin estudio adicional.
La historia clínica aporta la mayor parte de la información. Las pruebas se piden de forma dirigida, según lo que esa historia sugiera.


El tratamiento se dirige al mecanismo identificado y al subtipo, no al síntoma aislado. Trabajamos sobre cuatro pilares (alimentación, actividad física, descanso y regulación del estrés), donde se juega la mayor parte del resultado. La suplementación es un complemento, nunca el eje.
La restricción de fermentables (dieta baja en FODMAP) es una herramienta útil, y la guía del ACG recomienda un ensayo limitado en el tiempo1. Conviene mantenerla acotada: se ha señalado que una restricción prolongada podría modificar desfavorablemente la microbiota en pacientes con sobrecrecimiento, y que la evidencia en ese escenario es todavía limitada6. Por eso siempre planteamos una fase de reintroducción progresiva. La parte de alimentación, incluida la dieta baja en FODMAP, la trabaja con cada paciente nuestra nutricionista digestiva en Pamplona, de la mano de la valoración médica.
Y en el colon irritable, más que en ningún otro cuadro, empezamos por la cabeza. Es un trastorno de la interacción intestino-cerebro: con estrés sostenido el intestino se vuelve más sensible, el cerebro amplifica la señal de dolor y el barrido que limpia el intestino delgado entre comidas, el complejo motor migratorio, pierde fuerza. Por eso el plan incluye siempre horarios de comida sin picoteo, sueño, movimiento y herramientas para bajar el modo alerta. No es «de los nervios»: los síntomas son reales, y tienen un mecanismo que se puede trabajar.

Valoramos tu caso a fondo, revisamos lo que ya se ha estudiado y definimos qué falta por mirar. En Pamplona o en consulta online.
Reservar una primera valoraciónSí. Son dos nombres para el mismo cuadro clínico. «Síndrome del intestino irritable» es el término vigente; «colon irritable» es la denominación anterior, todavía muy utilizada.
No exactamente. Tiene criterios diagnósticos propios, los criterios de Roma IV. La guía del American College of Gastroenterology recomienda un abordaje diagnóstico positivo antes que una estrategia basada solo en la exclusión1.
No son excluyentes: el sobrecrecimiento bacteriano es frecuente en pacientes con SII2. Se diferencian con la historia clínica y, cuando está indicado, con el test de aliento, que además tipifica el gas predominante.
Es un cuadro crónico y fluctuante. El objetivo del tratamiento es reducir la intensidad y la frecuencia de los síntomas y recuperar tolerancia alimentaria y calidad de vida. La evolución depende del mecanismo subyacente y de cada persona, así que no puede anticiparse un resultado concreto.
No de forma sistemática. Se indica ante señales de alarma, antecedentes familiares relevantes o cuando el cuadro no encaja con los criterios diagnósticos.
Sí. La consulta está en la calle de Sangüesa, 17, sala 10, entresuelo (Centros UNE), en el centro de Pamplona: cómo llegar, horario y aparcamiento. También hacemos valoración online. Y si quieres ver qué más vemos, aquí tienes los problemas digestivos en Pamplona que tratamos en consulta.
Referencias localizadas y verificadas en PubMed. Se indica el DOI de cada una.
Información sanitaria divulgativa. No sustituye una valoración médica individual ni establece un diagnóstico. No existe un tratamiento único ni un resultado garantizado: el abordaje se define caso por caso tras la valoración clínica.
Dr. Jaume Fontanals Jorba · Médico integrativo especializado en salud digestiva y microbiota · Colegiado nº 313108777.
Contenido elaborado por el equipo médico de la consulta.